El propóleo verde, Un coomposición inimitable

Todas las abejas fabrican propóleo para proteger sus colmenas y todos los própoleos tienen propiedades frente a las infecciones.

No obstante, no todos los propóleos son iguales. Existen diferentes tipos, en función básicamente de la zona geográfica donde se encuentra la colmena, los vegetales presentes en esa zona y la especie de abejas de la que se trate.

¿Por qué es mejor el propóleo verde que otros?

Hay infinidad de textos científicos que avalan las propiedades y eficacia del propóleo. Hoy voy a hablarle de una de las variedades más estudiadas, que se cultiva de forma natural en una pequeña región del sudeste de Brasil.

En este ecosistema, lejos de la agricultura intensiva y de sus pesticidas, las abejas fabrican su propóleo de una planta autóctona conocida como chilca blanca (Baccharis dradunculifolia). Esta especie es la responsable de las propiedades terapéuticas y del color verde de esta variedad, ya que las abejas recogen prioritariamente la clorofila de las yemas vegetales.

Esto proporciona al propóleo verde de Brasil una extraordinaria concentración de varios elementos específicos de gran complejidad como ácido cinámico, kaempferol y, sobre todo, artepilina C.

Su riqueza en este ácido fenólico es única, y en ella reside la clave para plantarle cara de forma natural a todo tipo de infecciones: bacterianas, fúngicas, víricas y parasitarias.

Composición del propóleo

Su composición y consistencia es muy variable, dependiendo de la especie vegetal de la que proceda, del clima y de la técnica de recolección escogida. En el propóleo se han aislado más de 250 compuestos y aún quedan muchos por descubrir.

El propóleo está constituido principalmente por:

–  Resinas y bálsamos, que contienen flavonoides y ácidos fenólicos o sus ésteres (50%).
– Ceras, en contenido muy variable (7-35%).
– Aceites esenciales volátiles (10%), que confieren aroma al producto.
– Ácidos grasos (5%), que proceden mayoritariamente de la cera y el resto dependen de la fuente vegetal de la cual proceda. Destaca la presencia del ácido undecanoico (7%), el ácido neurónico (10%) y ácidos grasos poliinsaturados (38%), como el linoleico, un ácido graso esencial.
– Polen (5%), que proporciona proteínas y aminoácidos libres, tales como la arginina y la prolina.
– Otros compuestos. Entre ellos, minerales, como el hierro y el cinc son los más abundantes, vitaminas (provitamina A, tiamina, riboflavina, niacina y ácido pantoténico, a nivel de trazas), pequeñas cantidades de terpenos, aldehídos aromáticos, taninos, restos de la secreción de las glándulas salivares de las abejas, etc. Sus principales componentes son los flavonoides (que incluyen a flavonas, flavonoles, y flavononas), los ácidos fenólicos y sus ésteres. Ellos son los responsables de la mayoría de sus acciones terapéuticas y en su aislamiento y estudio se basan la mayoría de las investigaciones relacionadas al respecto.

Un contenido inimitable, exponemos algunos de los más significativos:

  • Los flavonoides (que incluyen las flavonas, los flavonoles y las flavononas) juegan un papel importante en la pigmentación de los vegetales y confieren al propóleo potentes propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Hay más de 60, y entre ellos destacan la quercetina, la pinostrobina o la galangina.
  • Los ácidos fenólicos. Los principales son el ácido cafeico (gran antioxidante), el ácido cinámico (un antifúngico excepcional), el ácido benzoico, el ácido diterpénico y el ácido ferúlico (antiinflamatorio).
  • Las sustancias aromáticas (entre las que se encuentran la vanilina y la isovanilina).
  • Los aceites esenciales volátiles (el anetol y el eugenol son los más destacados).
  • Vitaminas A y B y minerales como el zinc y el silicio.

Todos estos componentes actúan de forma conjunta y esto le garantiza:

Aumentar las capacidades del sistema inmunitario.

Reforzar la resistencia del organismo en su lucha contra las agresiones, los radicales libres y los microbios.

Luchar contra las infecciones de todo tipo y las reacciones inflamatorias.

Ayudar a combatir los trastornos otorrinolaringológicos, especialmente las anginas, las rinofaringitis y las sinusitis.

Aumentar los efectos de los tratamientos contra las micosis y los de los antibióticos empleados actualmente.

Actuar como un buen coadyuvante de los tratamientos convencionales contra el cáncer.

Retrasar el envejecimiento prematuro de las células y el deterioro cognitivo.

Efectos antimicrobianos e inmunomoduladores. Si el propóleo verde de Brasil se contempla como la alternativa natural a los antibióticos se debe a que actúa directamente sobre los microorganismos (al inhibir el crecimiento bacteriano mediante el bloqueo de las divisiones celulares y el proceso de adhesión), a la vez que estimula el sistema inmunitario al aumentar el número de macrófagos (las células del sistema inmunitario que se encuentran en los tejidos) y favorecer su actividad.

Esta acción está sobre todo relacionada con los derivados del ácido cinámico y los flavonoides, así como con la artepilina C.

El efecto microbiano del propóleo verde está perfectamente documentado contra:

  • Bacterias, especialmente las que están implicadas en los trastornos otorrinolaringológicos, gastrointestinales, genitales y bucales.
  • Virus, gracias a la acción de los flavonoides y a los ésteres del ácido cafeico.
  • Hongos (gracias a la galangina, el kaempferol y la pinocembrina), parásitos y alergias.

Efectos antiinflamatorios. El propóleo verde de Brasil presenta una actividad antiinflamatoria indiscutible. El mecanismo es semejante al de la aspirina (aunque sin sus efectos secundarios): los flavonoides y sus derivados inhiben la síntesis de las prostaglandinas -agentes de la reacción inflamatoria-, así como varias enzimas implicadas en la vía metabólica de la inflamación (ciclooxigenasa, lipooxigenas y, ornitina descarboxilasa), reduciendo así la misma.

Efectos antioxidantes y neuroprotectores. El propóleo verde también destaca por ser una de las sustancias más antioxidantes que existen. Los aproximadamente 40 flavonoides de los que consta son capaces de “captar” los radicales libres (esas especies reactivas tan agresivas para el organismo que generan el estrés oxidativo) y hacer frente de forma efectiva al envejecimiento celular y al deterioro cognitivo.

Preparados, conservación y dosis recomendada

Se encuentra comercializado de diversas formas: como propóleo puro para masticar, en comprimidos, cápsulas, extractos, tinturas, jarabes, mezclado con miel, en pastas de dientes, cremas, bálsamos, jabones y otros preparados dermatológicos.

Para mantener sus propiedades, se debe preservar de la luz y del calor, recomendándose el uso de envases herméticos.

La dosis recomendada de propóleo por vía oral en humanos es de 5 mg/kg de peso al día. Por ejemplo, si una persona pesa 70 kg, puede tomar una dosis de 350 mg/día de propóleo. El propóleo es un producto muy complejo, aunque prácticamente inocuo y no produce efectos secundarios, salvo raras excepciones, en que puede ocasionar somnolencia, sequedad de boca o reacciones alérgicas. Aún así no se debe tomar de forma indiscriminada y conviene seguir los consejos de un profesional cualificado. Se ha demostrado perfectamente compatible y hasta complementario de otras prácticas terapéuticas.

Para uso externo, se puede administrar ad libitum (a placer). No se han encontrado contraindicaciones.

 

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